Es muy larga, pero os recomiendo esta canción.
In Nominne, Diabulus et Belial
Satan, Lucifer, Astaroth et Yahvé
Mägo de Oz.
Bienvenid@s a este blog. Hace poco se llamaba El rincón de la última esquina, pero ha vuelto a sus inicios. Cada palabra maldita que escriba espero que os guste! seguid bajando para ver los libros!! ^^
viernes, 11 de marzo de 2011
Estrella gris (Capítulo 1)
El último rayo de sol se iba en aquel lugar. Aunque sería la última vez en 6 meses que se vería el Sol.
Llegaba el invierno al Polo Sur, más frío.
Los esquimales buscaban alguna manera de irse de aquel lugar. Estaban seguros de que iba a ser imposible quedar allí sin mucha resistencia.
Una casa destacaba por sus gritos, la discusión entre una madre y una niña, de unos 10 a 12 años:
-¡Nos tenemos que ir, Dagna!-exclamó el padre-¡si no...!-no quiso terminar la frase, al recordar que sus padres murieron en un alud.
-¡¡Nunca!!-dijo Dagna-¿¡por qué?!, si este lugar nos quisiera matar, ya lo habría hecho, ¿no?-y se fue.
Sus padres, airados y confusos de que hacer con Dagna, susurraron:
-La tendremos que dejar con alguien que se vaya a quedar en la colonia-.
-Ya, pero... ¿quién?-.
-Nuestro vecino se va a quedar un tiempo-dijo entonces el padre, triunfante-es joven y resistente, seguro que se sentirá bien con ella-.
-Además-saltó Dagna-me ha hablado mucho sobre este lugar-.
Sus padres, ya viendo lo entusiasmada que estaba la niña, aceptaron.
Llegaron a la casa deseando dejar a Dagna pronto e irse antes de que partiera el último avión hacia Berlín, su antigua patria.
El joven que abrió debía ser unos años mayor que ella. Unos 15 años.
-Buenas noches-dijo.
Y la familia respondió al unísono igual.
-Joven-dijo el padre, que ni siquiera conocía su nombre-¿puedes cuidar a Dagna?, es que...-
-Es que-respondió en su lugar la madre-no se quiere ir de aquí, y decidimos que eras la mejor persona para cuidarla hasta que volvamos, dentro de unos meses, ¿podrás?-concluyó la madre.
-No puedo, debo-dijo el joven con una sonrisa-que le vayan bien en Berlín. No pasa nada, yo cuidaré de Dagna-concluyó cogiendo a Dagna-.
-Bueno, nos vamos sabiendo que está en buenas manos-y se marcharon, despidiéndose de Dagna.
-¡Hola, Serko!-dijo Dagna, contenta.
-Hola Dagna-dijo Serko con la misma sonrisa que Dagna-quiero enseñarte hoy algo-su semblante era serio.
-Vale...-dijo Dagna.
"¿Qué le pasará?"pensaba, mientras abandonaban la entrada, cerrando la gran puerta por la que entraban ya las primeras ráfagas de frío intenso invernal.
Subieron una gran escalera, que crujía como si fuese de hace siglos. Era verdad. La familia de Serko había vivido allí desde tiempos inmemoriales. Y él era el último de su familia.
Sus padres lo abandonaron allí con 7 años. La familia de Dagna le ofreció vivir con ellos, pero él rechazó la propuesta, aunque si pedía algo de ayuda cuando la necesitaba. Se quedó solo, pensando en sus cosas.
Conoció a Dagna un año después. Él le enseñó cosas que normalmente lo haría un profesor, y ella escuchaba y tomaba nota.
Pasaban todo el año allí, pero este invierno iba a ser muchísimo más frío y duro de lo normal.
Llegaron a una gran puerta, más grande que la principal. Serko cogió un manojo de llaves, y fue buscando. Dagna observaba asombrada que habían ido a la planta alta, cosa que a Dagna le tenía prohibido Serko. Aquella noche era especial.
La puerta se abrió.
Había muchos estantes con libros revueltos, telas de araña, una gran mesa con más papeles, escritos, libros, etc. revueltos y un ventanal abierto con un telescopio gigante.
Dagna estaba maravillada solo con entrar a aquella sala. Casi nunca Serko había entrado allí en su presencia, y nunca había visto ella nada de allí.
Serko se acercó al ventanal, e hizo gestos para que se acercara Dagna, y ella se acercó.
El cielo mostraba más estrellas que nunca. Dagna no entendía nada sobre estrellas. Por eso, se cortó un poco al ver que Serko le señalaba varias estrellas.
-¿Ves aquella estrella?-dijo Serko.
-A ver...-dijo, mirando por el telescopio-¡eso no es una estrella!-exclamó-¡eso es humo o algo así! ¡Si es gris!-añadió.
-Mira bien-dijo Serko.
-Parece una estrella...-dijo insegura Dagna-pero es díficil de distinguir...-.
-Pues allí es donde vamos a ir-dijo Serko, tranquilo.
-¿¡CÓMO?!-gritó Dagna-¡entonces me hubiera ido con mis padres!-.
-Te necesito, Dagna-se excusó Serko-eres lo único que puede ayudarme.
-No te entiendo-casi susurró Dagna.
-Pronto lo harás...-
Y cogió rápido de la mano a Dagna y salieron de la habitación.
En ese poco tiempo Dagna se quedó pensativa, y no tuvo tiempo para reaccionar. Salieron de la casa.
Segundo capítulo pronto!
^^
Llegaba el invierno al Polo Sur, más frío.
Los esquimales buscaban alguna manera de irse de aquel lugar. Estaban seguros de que iba a ser imposible quedar allí sin mucha resistencia.
Una casa destacaba por sus gritos, la discusión entre una madre y una niña, de unos 10 a 12 años:
-¡Nos tenemos que ir, Dagna!-exclamó el padre-¡si no...!-no quiso terminar la frase, al recordar que sus padres murieron en un alud.
-¡¡Nunca!!-dijo Dagna-¿¡por qué?!, si este lugar nos quisiera matar, ya lo habría hecho, ¿no?-y se fue.
Sus padres, airados y confusos de que hacer con Dagna, susurraron:
-La tendremos que dejar con alguien que se vaya a quedar en la colonia-.
-Ya, pero... ¿quién?-.
-Nuestro vecino se va a quedar un tiempo-dijo entonces el padre, triunfante-es joven y resistente, seguro que se sentirá bien con ella-.
-Además-saltó Dagna-me ha hablado mucho sobre este lugar-.
Sus padres, ya viendo lo entusiasmada que estaba la niña, aceptaron.
Llegaron a la casa deseando dejar a Dagna pronto e irse antes de que partiera el último avión hacia Berlín, su antigua patria.
El joven que abrió debía ser unos años mayor que ella. Unos 15 años.
-Buenas noches-dijo.
Y la familia respondió al unísono igual.
-Joven-dijo el padre, que ni siquiera conocía su nombre-¿puedes cuidar a Dagna?, es que...-
-Es que-respondió en su lugar la madre-no se quiere ir de aquí, y decidimos que eras la mejor persona para cuidarla hasta que volvamos, dentro de unos meses, ¿podrás?-concluyó la madre.
-No puedo, debo-dijo el joven con una sonrisa-que le vayan bien en Berlín. No pasa nada, yo cuidaré de Dagna-concluyó cogiendo a Dagna-.
-Bueno, nos vamos sabiendo que está en buenas manos-y se marcharon, despidiéndose de Dagna.
-¡Hola, Serko!-dijo Dagna, contenta.
-Hola Dagna-dijo Serko con la misma sonrisa que Dagna-quiero enseñarte hoy algo-su semblante era serio.
-Vale...-dijo Dagna.
"¿Qué le pasará?"pensaba, mientras abandonaban la entrada, cerrando la gran puerta por la que entraban ya las primeras ráfagas de frío intenso invernal.
Subieron una gran escalera, que crujía como si fuese de hace siglos. Era verdad. La familia de Serko había vivido allí desde tiempos inmemoriales. Y él era el último de su familia.
Sus padres lo abandonaron allí con 7 años. La familia de Dagna le ofreció vivir con ellos, pero él rechazó la propuesta, aunque si pedía algo de ayuda cuando la necesitaba. Se quedó solo, pensando en sus cosas.
Conoció a Dagna un año después. Él le enseñó cosas que normalmente lo haría un profesor, y ella escuchaba y tomaba nota.
Pasaban todo el año allí, pero este invierno iba a ser muchísimo más frío y duro de lo normal.
Llegaron a una gran puerta, más grande que la principal. Serko cogió un manojo de llaves, y fue buscando. Dagna observaba asombrada que habían ido a la planta alta, cosa que a Dagna le tenía prohibido Serko. Aquella noche era especial.
La puerta se abrió.
Había muchos estantes con libros revueltos, telas de araña, una gran mesa con más papeles, escritos, libros, etc. revueltos y un ventanal abierto con un telescopio gigante.
Dagna estaba maravillada solo con entrar a aquella sala. Casi nunca Serko había entrado allí en su presencia, y nunca había visto ella nada de allí.
Serko se acercó al ventanal, e hizo gestos para que se acercara Dagna, y ella se acercó.
El cielo mostraba más estrellas que nunca. Dagna no entendía nada sobre estrellas. Por eso, se cortó un poco al ver que Serko le señalaba varias estrellas.
-¿Ves aquella estrella?-dijo Serko.
-A ver...-dijo, mirando por el telescopio-¡eso no es una estrella!-exclamó-¡eso es humo o algo así! ¡Si es gris!-añadió.
-Mira bien-dijo Serko.
-Parece una estrella...-dijo insegura Dagna-pero es díficil de distinguir...-.
-Pues allí es donde vamos a ir-dijo Serko, tranquilo.
-¿¡CÓMO?!-gritó Dagna-¡entonces me hubiera ido con mis padres!-.
-Te necesito, Dagna-se excusó Serko-eres lo único que puede ayudarme.
-No te entiendo-casi susurró Dagna.
-Pronto lo harás...-
Y cogió rápido de la mano a Dagna y salieron de la habitación.
En ese poco tiempo Dagna se quedó pensativa, y no tuvo tiempo para reaccionar. Salieron de la casa.
Segundo capítulo pronto!
^^
martes, 8 de marzo de 2011
El Aquelarre Maldito
Siglo XVI:
Era noche cerrada. Los murciélagos volaban por el aire que estaba despejado. Los búhos ululaban más que nunca. Se oían gritos de multitud furiosa.
La gente sensata no miraba. Era un crimen. Sabían lo que era.
Entre toda la gente que chillaba de furia contenida, una mujer chillaba de puro terror:
-¡¡Estáis locos!!-decía sin cesar. Pero ellos no terminaban sus festejos.
Todo el mundo sabía lo que significaban esos chillos mezclados.
Aquelarre.
La quema de brujas era habitual en aquellos lares. Pero aquel día era especial.
Cinco "brujas" serían quemadas por crimenes contra la naturaleza de Dios. Ellas decían que no eran brujas, pero nadie escuchaba sus lamentos aquella noche.
Se llamaban Laura, María, Sara, Miriam y Ana. Todas tenían los ojos marrones menos Laura, que los tenía grises y profundos.
Todas tenían el pelo rizado, menos Laura, ella lo tenía liso y muy largo.
Se estaba preparando la hoguera. El cielo despejado se llenó del humo espeso del fuego de un aquelarre. Primero llegaría Sara.
Era una mujer normal, siempre lo había sido, pero en un juicio que ni iba contra ella la acusaron de brujería. Era lo peor que le había pasado. Pero aquella noche sería peor.
Ella todavía se movía violentamente por escapar. La desnudaron y humillaron. Aquella ocasión era especial. Normalmente quemaban a las brujas con ropa y directamente, pero aquella vez decidieron alargar el ritual...
Sara gritó. Chilló para pedir ayuda, pero nadie le ayudaba. Al contrario, era maltratada por la muchedumbre de allí.
Terminada la humillación, el cura y el alcalde del pueblo llevaron a la condenada cerca de la hoguera.
-Una bruja te entregamos, para que mandes al infierno con Lucifer, Señor supremo-dijo el cura mirando el cielo.
-Una vida culpable tiene que ser colmada-concluyó el alcalde-y ahora...-y lanzó con violencia el cuerpo desnudo de Sara a la hoguera.
-¡¡NO!!-chilló Sara.
-Si es cuerpo digno, Dios la salvará-dijo el cura, triunfante.
Sara siguió chillando hasta que su cuerpo se consumió en el fuego. Su familia, lejos del ritual, lloraba. Sabía lo que acababa de pasar...
Llegó Ana.
Ella ofreció resistencia. Tiró a algunos guardias que la desnudaban, e hirió a algunos presentes que la maltrataban, pero al final del ritual, murió, mezclando sus restos con los de Sara.
Lo mismo pasó con María y Miriam.
Laura mostraba un semblante serio, despreocupado. Parecía que era espectadora, y no la próxima víctima.
Ella fue ya desnudada y fue maltratada, como en los otros aquelarres.
Pero llegó la hora de la hoguera.
Unos espectadores se marcharon. Ya terminaba el gran ritual, y las 5 brujas habían muerto. O eso creían...
Laura seguía en la hoguera, tranquila. El fuego no consumía sus miembros.
De repente, hubo un gran temblor en el suelo. Todo el mundo se sobresaltó, pero Laura no.
Apareció una gigantesca criatura. Cogió a Laura del fuego. No le hizo nada.
Todo el mundo se iba corriendo. Era Satán.
-¡Ahora quedáis malditos!-dijo-¡no haréis ningún aquelarre, sino, el fin de los tiempos llegará!-y se marchó con Laura.
El alcalde, que estaba tan sorprendido como el pueblo, dijo.
-¡¡Así se demuestra como el Maligno estaba a su favor!! ¡¡Sigamos realizando aquelarres para conseguir dejar sin ningún enviado más al diablo!-y todo el mundo dio un grito de guerra. No sabían que estaban avisados.
Pasó una semana, y la noche mostró un paisaje similar al de aquel día. Como ellos acordaron, el fuego del aquelarre se avivaba, mientras la susodicha "bruja" gritaba:
-¡Será el fin de los tiempos, no lo hagáis!-por eso pensaban que era una enviada de Satán.
Ella se presentó ante la furiosa multitud, y la tiraron sin más. Querían terminar el ritual.
La bruja mostraba una amplia sonrisa, como si el fuego le hiciera cosquillas.
-¡Aszum, takan, Astaroth et Casam!-chilló.
De pronto se oscureció mucho más el paisaje, tanto que casi no veían, a pesar del fuego.
Las nubes lo cubrieron todo. Desde arriba, Lucifer observaba tranquilamente el espectáculo.
-...Os lo advertí-y se marchó con una risa maligna.
Aquella macabra carcajada dio lugar a millones de rayos y truenos. Corrían de un lado para otro.
No sería suficiente.
La oscuridad llegaba sobre toda la Tierra. Cada ojo ya veía más negro.
Más negro.
Más negro.
No vio nada.
El Apocalisis llegó a su fin.
Lucifer rió. Era demasiado tarde como para pedir disculpas.
No habría más errores...
Era noche cerrada. Los murciélagos volaban por el aire que estaba despejado. Los búhos ululaban más que nunca. Se oían gritos de multitud furiosa.
La gente sensata no miraba. Era un crimen. Sabían lo que era.
Entre toda la gente que chillaba de furia contenida, una mujer chillaba de puro terror:
-¡¡Estáis locos!!-decía sin cesar. Pero ellos no terminaban sus festejos.
Todo el mundo sabía lo que significaban esos chillos mezclados.
Aquelarre.
La quema de brujas era habitual en aquellos lares. Pero aquel día era especial.
Cinco "brujas" serían quemadas por crimenes contra la naturaleza de Dios. Ellas decían que no eran brujas, pero nadie escuchaba sus lamentos aquella noche.
Se llamaban Laura, María, Sara, Miriam y Ana. Todas tenían los ojos marrones menos Laura, que los tenía grises y profundos.
Todas tenían el pelo rizado, menos Laura, ella lo tenía liso y muy largo.
Se estaba preparando la hoguera. El cielo despejado se llenó del humo espeso del fuego de un aquelarre. Primero llegaría Sara.
Era una mujer normal, siempre lo había sido, pero en un juicio que ni iba contra ella la acusaron de brujería. Era lo peor que le había pasado. Pero aquella noche sería peor.
Ella todavía se movía violentamente por escapar. La desnudaron y humillaron. Aquella ocasión era especial. Normalmente quemaban a las brujas con ropa y directamente, pero aquella vez decidieron alargar el ritual...
Sara gritó. Chilló para pedir ayuda, pero nadie le ayudaba. Al contrario, era maltratada por la muchedumbre de allí.
Terminada la humillación, el cura y el alcalde del pueblo llevaron a la condenada cerca de la hoguera.
-Una bruja te entregamos, para que mandes al infierno con Lucifer, Señor supremo-dijo el cura mirando el cielo.
-Una vida culpable tiene que ser colmada-concluyó el alcalde-y ahora...-y lanzó con violencia el cuerpo desnudo de Sara a la hoguera.
-¡¡NO!!-chilló Sara.
-Si es cuerpo digno, Dios la salvará-dijo el cura, triunfante.
Sara siguió chillando hasta que su cuerpo se consumió en el fuego. Su familia, lejos del ritual, lloraba. Sabía lo que acababa de pasar...
Llegó Ana.
Ella ofreció resistencia. Tiró a algunos guardias que la desnudaban, e hirió a algunos presentes que la maltrataban, pero al final del ritual, murió, mezclando sus restos con los de Sara.
Lo mismo pasó con María y Miriam.
Laura mostraba un semblante serio, despreocupado. Parecía que era espectadora, y no la próxima víctima.
Ella fue ya desnudada y fue maltratada, como en los otros aquelarres.
Pero llegó la hora de la hoguera.
Unos espectadores se marcharon. Ya terminaba el gran ritual, y las 5 brujas habían muerto. O eso creían...
Laura seguía en la hoguera, tranquila. El fuego no consumía sus miembros.
De repente, hubo un gran temblor en el suelo. Todo el mundo se sobresaltó, pero Laura no.
Apareció una gigantesca criatura. Cogió a Laura del fuego. No le hizo nada.
Todo el mundo se iba corriendo. Era Satán.
-¡Ahora quedáis malditos!-dijo-¡no haréis ningún aquelarre, sino, el fin de los tiempos llegará!-y se marchó con Laura.
El alcalde, que estaba tan sorprendido como el pueblo, dijo.
-¡¡Así se demuestra como el Maligno estaba a su favor!! ¡¡Sigamos realizando aquelarres para conseguir dejar sin ningún enviado más al diablo!-y todo el mundo dio un grito de guerra. No sabían que estaban avisados.
Pasó una semana, y la noche mostró un paisaje similar al de aquel día. Como ellos acordaron, el fuego del aquelarre se avivaba, mientras la susodicha "bruja" gritaba:
-¡Será el fin de los tiempos, no lo hagáis!-por eso pensaban que era una enviada de Satán.
Ella se presentó ante la furiosa multitud, y la tiraron sin más. Querían terminar el ritual.
La bruja mostraba una amplia sonrisa, como si el fuego le hiciera cosquillas.
-¡Aszum, takan, Astaroth et Casam!-chilló.
De pronto se oscureció mucho más el paisaje, tanto que casi no veían, a pesar del fuego.
Las nubes lo cubrieron todo. Desde arriba, Lucifer observaba tranquilamente el espectáculo.
-...Os lo advertí-y se marchó con una risa maligna.
Aquella macabra carcajada dio lugar a millones de rayos y truenos. Corrían de un lado para otro.
No sería suficiente.
La oscuridad llegaba sobre toda la Tierra. Cada ojo ya veía más negro.
Más negro.
Más negro.
No vio nada.
El Apocalisis llegó a su fin.
Lucifer rió. Era demasiado tarde como para pedir disculpas.
No habría más errores...
Antes de la segunda parte...
Antes de eso...
EL DESTINO
-No-dijo sin más.
-Ya lo hemos discutido, y tengo que partir-replicó él.
-Sí, pero, ¿estás seguro de que volverás?-
-Si el destino quiere que estemos juntos, sí-dijo, mientras le abrazaba con fuerza.
-¿No podemos cambiar el destino?-dijo ella.
-Nunca lo haremos-y se marchó hacia el avión.
La mujer miraba impotente como marchaba para defender a su país su amado desde que tenía conciencia. No quería perderlo, era lo único que le quedaba después del accidente en el que murieron sus amigas, el incendio de su antigua y solitaria casa.
Gimió. No le gustaba recordarlo.
Vio como su amante se marchaba, pensando, si volvería.
Antes de marcharse vio por el rabillo del ojo al avión de su amante explotarle un ala.
-Sí el destino lo ha querido así-murmuró-que sea.
Y se marchó dejando a su amante en sus últimos momentos...
EL DESTINO
-No-dijo sin más.
-Ya lo hemos discutido, y tengo que partir-replicó él.
-Sí, pero, ¿estás seguro de que volverás?-
-Si el destino quiere que estemos juntos, sí-dijo, mientras le abrazaba con fuerza.
-¿No podemos cambiar el destino?-dijo ella.
-Nunca lo haremos-y se marchó hacia el avión.
La mujer miraba impotente como marchaba para defender a su país su amado desde que tenía conciencia. No quería perderlo, era lo único que le quedaba después del accidente en el que murieron sus amigas, el incendio de su antigua y solitaria casa.
Gimió. No le gustaba recordarlo.
Vio como su amante se marchaba, pensando, si volvería.
Antes de marcharse vio por el rabillo del ojo al avión de su amante explotarle un ala.
-Sí el destino lo ha querido así-murmuró-que sea.
Y se marchó dejando a su amante en sus últimos momentos...
lunes, 7 de marzo de 2011
Algo sobre mí
En esta entrada os voy a contar la historia de como me apasioné por la lectura y la escritura:
Yo era muy optimista, era un chaval de unos 10 años al que no le importaba nada más que jugar con sus amigos. Pero una mañana de 17 de Junio de 2009, me dijeron antes de ir al colegio que mi abuelo... había muerto.
Me abalancé sobre el pecho de mi padre, y lloré, hasta que no me quedaron lágrimas. Mi abuelo y yo nos llevábamos tan bien. Incluso me daba 1€ por ir a visitarle. Quizás sabía que le quedaba poco.
-Tenía 89 años-me decían mis compañeros-se tenía que morir tarde o temprano-pero no me reconfortaba.
Hace poco que había encontrado mi pasión por la lectura.
Una amiga mía, llamada Eva, me dijo que leyera, era una pasión que ella sentía. Solo leía y leía, se sentía identificada con los libros. Yo me uní a ella, fuimos buenos amigos, y todavía hablo con ella.
Había escrito un pequeño libro, llamado La Noria Encantada, y otro llamado Perdidos En El Espacio I. Pero desde ese día me interesé un poco más por el drama. Mis primos me ayudaban con los libros, pero un día dije basta.
Y me puse a escribir por mi cuenta. Por ahora no he terminado ningún libro, pero tengo tres proyectos:
-Nuevos Horizontes, el 1ero que quise hacer solo
-El juego de los Fantasmas I, que lo he convertido en un libro largo, en vez de un fragmento que iba a poner aquí.
-Y La Aventura veraniega, que utilizo a mi prima y su otra prima que no me toca nada como protagonistas, tienen 5 y 6 años, pero son muy divertidas.
Y, al hacer el blog de mi equipo de fútbol, decidí hacer La Cercanía a la Tinta, blog ya suprimido, e hice este, del que estoy muy orgulloso.
En música me gustan todos los tipos, menos lo latino en algunos casos. El Folk-Metal me apasiona.
Irónico, ¿no?
Yo era muy optimista, era un chaval de unos 10 años al que no le importaba nada más que jugar con sus amigos. Pero una mañana de 17 de Junio de 2009, me dijeron antes de ir al colegio que mi abuelo... había muerto.
Me abalancé sobre el pecho de mi padre, y lloré, hasta que no me quedaron lágrimas. Mi abuelo y yo nos llevábamos tan bien. Incluso me daba 1€ por ir a visitarle. Quizás sabía que le quedaba poco.
-Tenía 89 años-me decían mis compañeros-se tenía que morir tarde o temprano-pero no me reconfortaba.
Hace poco que había encontrado mi pasión por la lectura.
Una amiga mía, llamada Eva, me dijo que leyera, era una pasión que ella sentía. Solo leía y leía, se sentía identificada con los libros. Yo me uní a ella, fuimos buenos amigos, y todavía hablo con ella.
Había escrito un pequeño libro, llamado La Noria Encantada, y otro llamado Perdidos En El Espacio I. Pero desde ese día me interesé un poco más por el drama. Mis primos me ayudaban con los libros, pero un día dije basta.
Y me puse a escribir por mi cuenta. Por ahora no he terminado ningún libro, pero tengo tres proyectos:
-Nuevos Horizontes, el 1ero que quise hacer solo
-El juego de los Fantasmas I, que lo he convertido en un libro largo, en vez de un fragmento que iba a poner aquí.
-Y La Aventura veraniega, que utilizo a mi prima y su otra prima que no me toca nada como protagonistas, tienen 5 y 6 años, pero son muy divertidas.
Y, al hacer el blog de mi equipo de fútbol, decidí hacer La Cercanía a la Tinta, blog ya suprimido, e hice este, del que estoy muy orgulloso.
En música me gustan todos los tipos, menos lo latino en algunos casos. El Folk-Metal me apasiona.
Irónico, ¿no?
LOS VALLES DE HERIKAN (Capítulo 1) ^^
LA LLEGADA
La medianoche se acercaba. Las calles se oscurecían y dejaban que las sombras de los altos edificios las atraparan. En una apartada discoteca, un grupo de adolescentes bailaban sus canciones preferidas. Entre ellas destacaba una mujer, de casi 19 años, llamada Helen. Tenía el pelo muy alisado, de color marrón, y ojos azules y profundos.-Me voy-decía a sus amigas, que seguían bailando mientras se despedían de su amiga-.
Llegó a las calles, algo dolorida por la aglomeración de gente en la discoteca que le hizo algun que otro accidente sin mucha importancia.
Ella no era muy extrovertida, se atrevía a salir de vez en cuando, pero normalmente estaba en su casa pensando, porque ella no soñaba, pensaba en su vida, y muchas veces creía que le quedaba corta vida.
"¡Qué buena fiesta!" pensó, "debería salir más a menudo".
Pasó por su establecimiento favorito antes de ir a casa: "La casa del Jazz" y se puso a escuchar su canción preferida: Pearl of Night.
La escuchaba, conmovida con aquellos acordes de piano, con aquellas notas de saxo, y con aquella viola...
Helen se quedó un rato escuchando Pearl of Night, que duraba más de 10 minutos, y, además, no tenía prisa; o eso creía ella.
La música se apagó de pronto, y Helen se estremeció sin saber por qué.
"¿Qué está pasando?" se dijo.
De repente se oyó el viento, que arreciaba con mucha fuerza, de repente. Helen se aguantó al alféizar del escaparate.
El horizonte mostraba otro paisaje muy distinto, pero ella seguía en la calle, aguantándose al escaparate con fuerza, y miró con fijeza la gran "televisión" que se le mostraba y que pretendía cogerla. Pero era fuerte, y ofreció resistencia. Sabía que nadie estaba allí para ayudarla.
El mundo rotó.
Se aguantaba ahora a una farola que estaba oportunamente puesta al lado de aquella rara frontera.
Después de eso, ella estaba encima de aquella frontera, y un resbalón daría su caída hacia allí.
Tras eso, Helen estuvo un tiempo en silencio, después de sus gritos desesperados.
Y escuchó palabras en alemán, idioma que no entendía nada:
-Kommen sie mit uns...
Helen fue perdiendo la conciencia al escuchar estas palabras que desde dentro se escuchaban, hasta casi quedar inconsciente, pero reaccionó cuando empezó a caer a aquel pozo, intentó aguantarse a la farola, pero no lo consiguió.
Cayó, pero antes de oscurecerse el paisaje vio unos gélidos ojos verdes mirándola con preocupación.
En medio de un bosque, no había ni una nube, pero aún así tampoco estaba el sol, ni las estrellas, así que nada se podría ver allí.
Helen se incorporó. Estaba muy cansada, como si hubiese realizado un gran viaje durante toda la noche, y se sorprendió al verse allí, en aquel bosque.
Se fue a un río que bañaba aquellos valles, y se miró la cara. Era una joven, de 19 años. No había cambiado nada, menos el paisaje. Era mucho más colorido que las calles de Chicago.
Mientras se arreglaba un poco, lo vio.
Él era un chico de unos 20 años, con los ojos verdes, y demasiado gélidos. Parecían de hielo.
Lo recordó.
Antes de desvanecerse por completo de las calles de Chicago, vió unos ojos como los suyos mirándola con preocupación.
Viendo con más atención, descubrió que tenía alguna cicatriz y una cara algo pálida. Era castaño oscuro.
Se acercó, y el chico se estremeció y dijo:
-¡Qué bien, has despertado!-y saludó-me llamo Alex.
-Yo Helen-dijo saludando con la mano-¿qué me ha pasado?-.
-¿Cómo?-dijo Alex extrañado.
-¿Por qué anoche al ir a mi casa no pude llegar?-explicó resumido Helen.
-Ah-comprendió Alex-pues es que te estaban buscando...-.
-¿Quiénes?-preguntó intrigada Helen.
-Los Shurinnays de estos valles-dijo Alex-son una especie de samuráis especialistas en la espada. Esos ojos verdes que viste seguramente serían de su mentor, Akisho.
-¿Shurinnays?-preguntó Helen-¿dónde estoy?-.
-Bueno, vale, te lo contaré. Estás en unos valles termales, apartados de nuestro mundo. Soy el dueño de los baños además de protector de los valles que se extienden desde estos valles termales hasta unas colinas que te enseñaré.
-¿Cómo se llama el lugar donde estoy?-preguntó, algo harta, Helen.
-¡Ah, eso...!-dijo Alex. Yo creía que te acordarías de tu pueblo natal...-
-¿¡¿Cómo?!?-exclamó Helen-No. No puedo ser de aquí, nací y me he criado en Chicago-dijo.
-Bueno, quiero ir al grano, paseemos un rato por los valles-dijo, y se pusieron en marcha-te contaré la historia por la que te he traído.
>>Este país pequeño ha estado enfrentado al país de los Shurinnays, los samuráis del tiempo. Y, al final, se ha declarado la guerra entre los dos grandes países.
>>Yo llegué hace un año más o menos, estaba confuso, como tú ahora. No conseguía entender para qué me traerían aquí.
>>Pero lo entendí hace poco, como espero que lo hagas: Tenemos que luchar contra los Shirunnays. Somos un país pequeño, nada comparado con el suyo, y necesitamos todas las personas posibles.
>>Cuando oíste aquellas voces en alemán, eran ellos, que querían llevarte a su guarida secreta. Pero te salve con el portal de los mundos.
-¡Un momento!-dijo entonces Helen-¿portal de los mundos?-.
-Creía que ya sabrías que estamos en otro universo, acabamos de cruzar la llamada en este país Sheka.
-¿Sheka?-preguntó Helen.
-Es el portal que separa ambos mundos. Sólo se utiliza cuando es urgente, como ahora. Tienes que tener mucha fuerza interior para cruzar el Sheka sin un rasguño.
-Vale-cortó Helen-¡yo no soy de aquí!-exclamó-y si lo fuera, me sonaría el nombre de aquí... que, por cierto, se te ha olvidado mencionar...-
-Bueno, a eso iba-dijo excusándose Alex-este mundo es igual en nombre que el portal, Sheka, y estamos en este país, Herikan-de pronto Helen se estremeció, lo conocía-y estos son sus valles-.
-Me suena mucho...-confesó Helen-lo decía mucho mi madre cuando era pequeña, antes de que mi padre muriese...-.
-O a lo mejor...-dijo Alex.
-¿Qué?-.
-A lo mejor vino a Herikan a luchar-dijo Alex.
-¡No puede ser!-exclamó Helen-¡lo enterramos, aunque yo no fuera!-.
-Vuestros padres finjieron su muerte para que fueras a luchar contra los Shurinnays-dijo Alex, satisfecho.
Se quedaron un rato en silencio...
-Herikan...-dijo Helen.
-Sí-.
-¡Vamos!-gritó alegre a Alex-¡quiero conocer este mundo!-.
Y se fueron fuera de aquellos valles termales llenos de humeante agua, el río.
domingo, 6 de marzo de 2011
Cambio de nombre
El nombre será ahora LOS VALLES DE HERIKAN, y lo meteremos en dos partes.
La 1era parte, antes del 10 de Marzo.
La 1era parte, antes del 10 de Marzo.
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